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miércoles, 13 de agosto de 2008

Erudición y fabulación: Plinio el Viejo (Italo Calvino y Jorge Luis Borges).

HISTORIA DESCONOCIDA DE LA LITERATURA LATINA EN LAS LETRAS DEL SIGLO XX.
METODOLOGÍA DE LA LITERATURA COMPARADA 9/9


Avalado por la Sociedad Española de Estudios Clásicos
Francisco García Jurado
pacogj@filol.ucm.es
(Departamento de Filología Latina, Universidad Complutense)






http://www.liceus.com/cgi-bin/aco/culc/per/11008.asp

4.2. Erudición y fabulación: Plinio el Viejo (Italo Calvino y Jorge Luis Borges).

Gayo Plinio Segundo, más conocido como Plinio el Viejo, es el autor latino de carácter erudito al que más recurren los autores modernos interesados en la búsqueda de prodigios y maravillas. Para explicar la razón, son fundamentales las siguientes palabras de Borges acerca de Plinio el Viejo (50):

«Épocas hubo en que se leían las páginas de Plinio en busca de precisiones; hoy las leemos en busca de maravillas, y ese cambio no ha vulnerado la fortuna de Plinio». En este sentido, es muy significativo que Italo Calvino, uno de los mayores cultivadores del relato fantástico, lo haya elegido en calidad de clásico:

"El uso que siempre se ha hecho de Plinio, creo, es el de consulta, ya para saber qué sabían o creían saber los antiguos sobre una cuestión determinada, ya para escudriñar curiosidades y rarezas. (Bajo este último aspecto no se puede descuidar el libro I, es decir el sumario de la obra, cuyas sugestiones vienen de aproximaciones imprevistas; «Peces que tienen un guijarro en la cabeza; Peces que se esconden en invierno; Peces que sienten la influencia de los astros; Precios extraordinarios pagados por ciertos peces», o bien «Sobre la rosa: 12 variedades, 32 medicamentos; 3 variedades de lirios, 21 medicamentos; Planta que nace de una lágrima propia; 3 variedades de narcisos; 17 medicamentos; Planta cuya semilla se tiñe para que nazcan flores de colores; El azafrán: 20 medicamentos; Dónde da las mejores flores; Qué flores eran conocidas en tiempos de la guerra de Troya; Vestiduras que rivalizaban con las flores», y aún: «Naturaleza de los metales; Sobre el oro; Sobre la cantidad de oro que poseían los antiguos; Sobre el orden ecuestre y el derecho a llevar anillos de oro; ¿Cuántas veces cambió de nombre el orden ecuestre?».) Pero Plinio es también un autor que merece una lectura continuada, siguiendo el calmo movimiento de su prosa, animada por la admiración de todo lo que existe y por el respeto hacia la infinita diversidad de los fenómenos.

Podemos distinguir un Plinio poeta y filósofo, con su sentimiento del universo, su pathos del conocimiento y del misterio, y un Plinio coleccionista neurótico de datos, compilador obsesivo que sólo parece preocuparse de no desperdiciar ni una anotación de su mastodóntico fichero (...). Pero una vez admitida la existencia de estos dos aspectos, hay que reconocer sin más que Plinio es siempre uno, así como uno es el mundo que quiere describir en la variedad de sus formas." (Calvino, 1995, 44-45)

Italo Calvino se ha detenido precisamente a hablarnos del sumario de la obra, "cuyas sugestiones", como él mismo declara, "vienen de aproximaciones imprevistas". En verdad que a más de un lector no se le habrá escapado que los "Peces que tienen un guijarro en la cabeza", los "Peces que se esconden en invierno", y los "Peces que sienten la influencia de los astros" recuerdan bastante a un conocido texto de Borges, concretamente el titulado "El idioma analítico de John Wilkins":

"Esas ambigüedades, redundancias y deficiencias recuerdan las que el doctor Franz Kuhn atribuye a cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos. En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas (...)" (Jorge Luis Borges, Otras Inquisiciones, Obras Completas, tomo II, Barcelona, Emecé, 1989, 86)

En primer lugar, la obra de Plinio tiene el encanto de ser una enciclopedia que contiene su correspondiente clasificación de un mundo que puede ser real, pero que también incluye noticias fantásticas, seres imaginarios y prodigiosos como si fueran reales. Calvino no se olvida, sin embargo, de la otra faceta de Plinio, además de neurótico compilador de datos, el Plinio "poeta y filósofo", transmisor no sólo de noticias curiosas sino, además, de una visión del mundo, como cuando nos habla de la fragilidad del ser humano en el libro VII:

"De todo esto surge una idea dramática de la naturaleza humana como algo precario, inseguro: la forma y el destino del hombre penden de un hilo. Dedica varias páginas a lo imprevisible del parto, citando los casos excepcionales y las dificultades y los peligros. También ésta es una zona de límites: el que existe podría no existir o ser diferente, y todo lo que ha sido decidido está ahí.

«En las mujeres embarazadas todo, por ejemplo la manera de caminar, influye en el parto: si toman alimentos demasiado salados echan al mundo un niño sin uñas; si no saben contener la respiración, tienen más dificultades para parir; hasta un bostezo, durante el parto, puede ser mortal, así como un estornudo durante el coito puede provocar el aborto. Compasión y vergüenza asaltan a quien considera cuán precario es el origen del más soberbio de los seres vivientes: muchas veces basta el olor de una lámpara apenas apagada para abortar. ¡Y decir que de un comienzo tan frágil puede nacer un tirano o un verdugo! ¡Tú que confías en tu fuerza física, que estrechas entre tus brazos los dones de la fortuna y te consideras no pupilo sino hijo de ella, piensa qué poco hubiera bastado para destruirte!» (VII,42-44)." (Italo Calvino, 1995, 50-51)

De entre los 37 libros que componen la Historia Natural, este libro VII de Plinio, cuyo asunto central es el hombre (51), sirve también a Jorge Luis Borges para extraer de él el motivo de uno de sus más conocidos cuentos, el de Funes y su prodigiosa memoria. Debe hacerse notar que la literatura que encierra en su trama algún aspecto erudito no tiene por qué ser una trama estática o contemplativa, sino que suele gustar de historias de acción e intriga, y no de manera muy diferente procede Borges con la Naturalis Historia de Plinio en su relato "Funes el memorioso".

Borges, en este caso, se centra en el capítulo vigésimocuarto del libro séptimo de Plinio, dedicado a la memoria. El narrador ha comenzado el aprendizaje del latín, motivo por el cual lleva consigo libros que le ayuden a tal iniciación:

"No sin alguna vanagloria yo había iniciado en aquel tiempo el estudio metódico del latín. Mi valija incluía el De viris illustribus de Lhomond, el Thesaurus de Quicherat, los comentarios de Julio César y un volumen impar de la Naturalis historia de Plinio, que excedía (y sigue excediendo) mis módicas virtudes de latinista. Todo se propala en un pueblo chico; Ireneo, en su rancho de las orillas, no tardó en enterarse del arribo de esos libros anómalos". (Jorge Luis Borges, "Funes el memorioso", en Ficciones, en Obras Completas, tomo I, Barcelona, Emecé, 1989, 487)

Ireneo Funes, el protagonista de la historia cuya memoria puede recoger cualquier detalle, por mínimo que sea, pide al narrador alguno de estos libros, "acompañado de un diccionario «para la buena inteligencia del texto original, porque todavía ignoro el latín»"; éste le presta, no sin reserva y justificado escepticismo, el diccionario de Quicherat y el mencionado volumen de Plinio. Sorprendentemente, al cabo de siete días, cuando el narrador acude a reclamarle sus libros por tener que partir inesperadamente, encuentra a Ireneo hablando en latín:

"Atravesé el patio de baldosa, el corredorcito; llegué al segundo patio. Había una parra; la oscuridad pudo parecerme total. Oí de pronto la alta y burlona voz de Ireneo. Esa voz hablaba en latín; esa voz (que venía de la tiniebla) articulaba con moroso deleite un discurso o plegaria o incantación. Resonaron las sílabas romanas en el patio de tierra; mi temor las creía indescifrables, interminables; después, en el enorme diálogo de esa noche, supe que formaban el primer párrafo del vigésimocuarto capítulo del libro séptimo de la Naturalis historia. La materia de ese capítulo es la memoria; las palabras últimas fueron ut nihil non iisdem verbis redderetur auditum (...)

Ireneo empezó por enumerar, en latín y en español, los casos de memoria prodigiosa registrados por la Naturalis Historia: Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates Eupator, que administraba la justicia en 22 idiomas de su imperio; Simónides, inventor de la mnemotecnia; Metodoro, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez. Con evidente buena fe se maravilló de que tales casos maravillaran. Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado. (Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su memoria de nombres propios; no me hizo caso.) Diecinueve años había vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales. Poco después averiguó que estaba tullido. El hecho apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles (...)" (Jorge Luis Borges, "Funes el memorioso")

En definitiva, lo que bien podría haber sido un ensayo acerca de los prodigios de la memoria ha quedado convertido en una emotiva ficción con características de mito. Funes el Memorioso recita ya de memoria el pasaje latino, tal y como lo haría el bibliotecario griego del relato de Plinio y, más aún, si bien Plinio aduce como motivo de una pérdida de memoria el hecho de recibir un golpe, en el caso de Funes va a ser precisamente ese golpe el que va a conferirle su prodigiosa capacidad, a pesar de quedar tullido. De esta forma, no sólo utiliza Borges la información erudita del texto clásico como poso erudito de su relato, sino que, además, la noticia acerca del golpe llega incluso a conformar la ficción (unido a posibles retazos autobiográficos). Es reseñable, asimismo, que Borges utilice para este relato los volúmenes de Plinio en latín, sabiendo que también conoce la traducción inglesa, como vemos en uno de los pasajes cruciales de su relato "El Aleph":

"(...) vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche) (...)" (Jorge Luis Borges, "El Aleph", en El Aleph en Obras Completas, tomo I, 625)

Saber latín no era para Borges una cuestión baladí. Su aprendizaje de la lengua de Virgilio en Ginebra, y la posibilidad de acceder a sus textos marcó al autor para toda la vida como uno de los aspectos más característicos de su erudición. Conviene hacer ver que este amor por la erudición les viene a autores como Borges de su admiración por las literaturas francesa, inglesa y alemana, y que tal amor no está desconectado de cierto desdén por la literatura castellana, en especial por su prosa (53).

A este respecto, Marcos-Ricardo Barnatán transcribe oportunamente la impresión que a Borges le causó un encuentro con unos "ultraístas" sevillanos:

"En Sevilla me vinculé al grupo formado alrededor de Grecia. Los integrantes de ese grupo, que se llamaban a sí mismos Ultraístas, tenían el propósito de renovar la literatura, rama de las artes de la cual no sabían nada. Uno de ellos me dijo cierta vez que todas sus lecturas se reducían a la Biblia, Cervantes, Darío y un par de libros del "Maestro", Rafael Cansinos-Asséns. Sorprendió a mi cerebro argentino descubrir que no conocían lo francés y que para ellos no existía esa cosa denominada "literatura inglesa". Llegaron a presentarme un "valor local" conocido como "el Humanista", y no demoré en comprobar que su latín era más exiguo que el mío." (Barnatán 1995, 133)

III. Características generales de la historia no académica de la literatura clásica en las letras del siglo XX: las tensiones.

Recorridos, pues, estos cuatro itinerarios propuestos, podemos sugerir que si hubiera un lector capaz de leer todas o buena parte de las mejores obras literarias de nuestro siglo podría llegar a conocer por medio de ellas muchos aspectos de la literatura antigua. Con ello, además, no nos referimos tan sólo a los autores universales, sino también a otros menos conocidos que la pátina del tiempo ha ido arrinconando a la categoría de "raros". Así las cosas, la propuesta del estudio de la intertextualidad explícita dada entre la literatura latina y las modernas nos parece prometedora por la diversidad de aspectos literarios e históricos que se ven implicados. Haremos un sucinto recuento de lo visto hasta aquí a partir de los distintos aspectos que hemos utilizado como criterio de estudio, como son a) la intertextualidad, b) los polisistemas y las tensiones, y c) el horizonte de expectativas:

a) El estudio de las diferentes relaciones posibles entre los antiguos textos latinos y los textos modernos nos ha brindado el mecanismo básico para plantear nuestra investigación en cuatro itinerarios: autores, textos, crítica y géneros. Este juego diverso de relaciones entre textos nos permite afrontar el estudio de la herencia clásica en la literatura moderna desde una perspectiva diferente a la tradicional de influencia o imitación.

b) No deja de ser singular la circunstancia de que cualquier autor de la literatura latina pueda aparecer en un texto literario moderno, sin menoscabo de su universalidad o de su rareza. Este particular planteamiento metaliterario que hemos establecido nos permite articular una ESTRUCTURA histórica y supranacional que agrupa, a partir de la aparición explícita de la literatura latina, textos modernos muy diversos y sin necesaria relación genética entre ellos. Nos encontramos ante un rico POLISISTEMA que desde algunas tensiones básicas, tales como Filología frente a Literatura, o Autor frente a Lector, nos muestra la compleja relación de lectura y asimilación por parte de los autores modernos de una literatura del pasado que constituye uno de los fundamentos de su cultura, en torno a las diversas "tensiones" que hemos ido señalando:

-Cosmopolitismo frente a localismo (Séneca)
-Realidad histórica frente a ficción (Ovidio)
-Babelismo frente a clasicismo (Gelio)
-Pasado frente a presente (Tácito y Plinio el Joven)
-Clasicismo frente a modernidad (Virgilio)
-Clasicismo frente a barbarie (Virgilio)
-Concisión frente a extensión (Fedro)
-Fabulación frente a erudición (Plinio el Viejo)

Dado que no hay límites ni de género ni de tiempo, pues entre las referencias explícitas cabe la erudición, la técnica, o las letras medievales, la cuestión afecta al propio concepto de literatura latina, más cercano a lo que se entendía por "literatura" en el siglo XVIII que a lo que se entiende hoy día. Por otra parte, la cuestión de cómo se percibe la "literariedad" de los textos antiguos por parte de los nuevos lectores queda pendiente, en especial cuando son los viejos textos de ciencia los que acaban convirtiéndose en inesperada materia poética.

c) Frente a esta posibilidad abierta e ilimitada de ocurrencia de los autores latinos, desde la perspectiva de los autores modernos particulares, por el contrario, no todos son capaces de citar a cualquier autor latino, sino que esto dependerá de los gustos que su formación y lecturas les hayan proporcionado, o de su HORIZONTE DE EXPECTATIVAS, tanto más interesante cuanto más inesperado sea el autor latino que aparezca. Cuando los autores modernos tienen algo más que unos conocimientos básicos de literatura latina, juegan, asimismo, con el propio "horizonte de expectativas" de su lector, deleitándole o incluso ilustrándole. Manuel Mujica Láinez es, con su Bomarzo, un excelente ejemplo de lo que decimos. Desde el punto de vista del "doble proceso de decodificación" (Assís de Rojo y Flawiá de Fernández 1998, 35-45) que plantea la explicación que de la cultura clásica hace un hombre del Renacimiento a los lectores modernos, tenemos preciosos ejemplos de lecturas de obras que el autor sabe perfectamente que no comparte con su lector implícito, tales como la del Orlando Furioso, o el Cortesano. Entre esas lecturas está la Historia natural, de Plinio el Viejo:

"El maestro Pierio Valeriano había dispuesto que estudiáramos la Historia Natural de Plinio, que enseña que no hay nadie más desgraciado ni más orgulloso que el hombre, y que enseña también que ningún ser posee una vida tan frágil ni pasión tan ardiente. Y su texto anotado iluminó mi imaginación con más y más figuras quiméricas: el basilisco, cuya mirada quema la hierba y destroza los peñascos; el fénix, que vive tanto tiempo como el que requieren el sol, la luna y los cinco planetas para recuperar su posición inicial, el hipocentauro, el dragón, el unicornio, el grifo de largas orejas y pico curvo; la esfinge de pelaje rojizo; el catoblepas cuya cabeza es tan pesada que la arrastra y cuyos ojos dan la muerte, las yeguas que fecunda el viento..." (Manuel Mujica Láinez, Bomarzo, Barcelona, Seix Barral, 1985, 109)

Singularmente, estos prodigios y monstruos fantásticos que nos relata un autor latino completamente desconocido para el lector moderno son los que, en parte, inspirarán los monstruos del jardín de Bomarzo y las zoologías fantásticas de Jorge Luis Borges.

El estudio, naturalmente, no se agota aquí. Quedan por desbrozar asuntos tan capitales como el del papel de la traducción de los textos latinos como vehículo de recepción, o el del propio valor semiótico del texto cuando se cita en latín, aún a sabiendas de que el lector no pueda entenderlo. Restan muchas literaturas modernas por leer, como las eslavas, donde el papel de la educación clásica ha tenido un peso significativo. Es importante, por último, hacer notar que el interés de este estudio no concierne tan sólo a la literatura latina como tal, sino a la visión que de sus autores se tiene en un contexto cultural bien distinto del suyo propio, pero creemos que esto es, precisamente, la esencia de su modernidad.


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50. Jorge Luis Borges: «Edward Gibbon: páginas de historia y de autobiografía», en Prólogos con un prólogo de prólogos (citado por Obras Completas, tomo IV, Barcelona, Emecé, 1996, 71).

51. "Meraviglia il lettore moderno che in una Storia naturale vengano trattate cosí in dettaglio le attività artistiche e scientifiche dell'uomo. In generale Plinio cerca ad ogni passo di stabilire un nesso tra uomo e natura" (Von Albrecht 1995, 1267).

52. "Pero no pasó lo mismo con la prosa. Algunos como Arozín, Valle Inclán y Unamuno fueron muy leídos, pero nunca con esa admiración entregada que supieron despertar los poetas. En realidad la cultura literaria de América Latina, desde las guerras de la independencia, se rebela contra España y se embebe de las literaturas de Francia, Inglaterra y Alemania. Entramos en el siglo XX mucho más cerca de la Europa transpirenaica que de España. La aparición de escritores como Borges o Lezama Lima, con una erudición tan universal, se relaciona con cierta antihispanidad literaria" (Posse 1995).

53. Pero no pasó lo mismo con la prosa. Algunos como Azorín, Valle Inclán y Unamuno fueron muy leídos, pero nunca con esa admiración entregada que supieron despertar los poetas. En realidad la cultura literaria de América Latina, desde las guerras de la independencia, se rebela contra España y se embebe de las literaturas de Francia, Inglaterra y Alemania. Entramos en el Siglo XX mucho más cerca de la Europa Transpirenaica que de España. La aparición de escritores como Borges o Lezama Lima, con una erudición tan universal, se relaciona con cierta antihispanidad literaria". (Posse 1.995)

Marqués de Sade

Donatien Alphonse François de Sade, más conocido por su título de Marqués de Sade y llamado por sus admiradores "el Divino Marqués" (París, 2 de junio de 1740 – Charenton-Saint-Maurice, Val-de-Marne, 2 de diciembre de 1814), fue un aristócrata, escritor y filósofo francés, autor de varias novelas que aúnan los relatos eroticos con la exposición de un sistema filosófico materialista y ateo. Su filosofía es la de la libertad extrema, sin el freno de la moral, la religión o las leyes, con la búsqueda del placer personal como principio más elevado. Escribió la mayor parte de sus obras durante los 29 años de su vida que pasó en prisión. De su nombre procede la palabra sadismo
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Imperioso, colérico, irascible, extremo en todo, con una imaginación disoluta como nunca se ha visto, ateo al punto del fanatismo, ahí me tenéis en una cáscara de nuez... Mátenme de nuevo o tómenme como soy, porque no cambiaré.
Marqués de SadeÚltima Voluntad y Testamento

Infancia y adolescencia [editar]Sade nació en el Hôtel Condé en París, en el seno de una antigua familia aristocrática. Era hijo del conde Jean-Bastiste François Joseph de Sade y de su esposa, Marie-Eléonore de Maillé de Carman, dama de compañía de la princesa de Condé. Se educó en Provenza, en la abadía de Saint Léger d'Ebruil bajo la tutela de su tío, el abad de Sade, erudito y libertino, biógrafo de Petrarca y corresponsal de Voltaire, que más tarde sería arrestado en un burdel. En 1750 regresó a París, donde estudió en el Instituto Louis-le-Grand, regentado por los jesuitas y dedicado especialmente a los hijos de aristócratas. Estudió poco pero sí leyó todo lo que pudo sobre literartura francesa. A los 16 años siguió la carrera militar, convirtiéndose con el tiempo en capitán del regimiento real. Posteriormente participó en la Guerra de los Siete Años, de la que fue desmovilizado en marzo de 1763 instalándose en el castillo familiar, en Lacoste (Vaucluse). Quiso casarse con la señorita de Laurais, castellana de Vacqueyras, pero su familia se opuso y arregló su matrimonio, el 17 de mayo de 1763, con Renée-Pélagie de Montreuil, hija de un rico magistrado con poderosas relaciones en la corte. El matrimonio tendría dos hijos, Louis-Marie y Donatien-Claude-Armand, y una hija, Madeleine-Laure.


Escándalos y encarcelamiento
En los años siguientes, Sade protagonizó una vida de libertinaje, con repetidos abusos a prostitutas jóvenes y empleados de ambos sexos en su castillo en Lacoste, Vaucluse, en ocasiones incluso con la ayuda de su esposa. Su comportamiento caprichoso incluyó un amorío con la hermana de su esposa, quien había ido a vivir al castillo.

Sólo cuatro meses después de su matrimonio, el 29 de octubre de 1763, fue encarcelado, por primera vez, en el castillo de Vincennes por excesos en un prostíbulo. Quedó en libertad quince días después, pero se le obligó a instalarse fuera de París, en el castillo de Échaffars, en Normandía, propiedad de la familia de su esposa. Regresó a París en 1764. Durante los años siguientes tuvo varias amantes.

En 1767 murió su padre, legándole varios feudos, así como el título de conde de Sade. Él, sin embargo, prefirió seguir utilizando su título de marqués, que ya había sido utilizado por su familia, aunque nunca se constituyó legalmente el marquesado de Sade. Su primer hijo, Louis-Marie, nació el 27 de agosto de ese año. Por entonces su reputación de libertino estaba ya sólidamente establecida, y era objeto de vigilancia policial desde 1764.

En 1768 fue acusado por la mendiga Rose Keller de atraerla con engaños a su casa de Arcueil, donde la flageló. Sade fue encerrado en el castillo de Saumur, desde donde fue después trasladado a Pierre-Encise, cerca de Lyon y, posteriormente, a la Conciergerie de París. Estuvo en prisión unos tres meses.

Después de un episodio en Marsella donde varias prostitutas fueron intoxicadas con la supuestamente afrodisíaca mosca española (nadie murió), fue sentenciado a muerte por sodomía y envenenamiento en 1772, pero huyó a Italia junto con la hermana de su esposa, a la que secuestró del convento donde se hallaba recluida. Fue ejecutado en efigie en Aix-en-Provence el 12 de septiembre. Volvió a ser detenido poco después, el 8 de diciembre, en Chambéry (Saboya) —entonces parte del reino de Cerdeña— por orden del rey de Cerdeña y fue encerrado en el castillo de Miolans. Logró evadirse de allí y regresó a Francia, donde se instaló de nuevo en su castillo de Lacoste en 1773. Su suegra, que se había convertido en su más encarnizada enemiga, obtuvo una lettre de cachet, que implicaba prisión incondicional por orden directa del rey, para lograr su arresto.

Regresó a París en 1777 y el 13 de febrero de ese año fue finalmente arrestado y encarcelado en el calabozo de Vincennes. Exitosamente apeló en contra de su sentencia de muerte en 1778, pero debió permanecer encarcelado a causa de la lettre de cachet. Se fugó y regresó a Lacoste, pero volvió a ser capturado poco después e ingresado de nuevo en Vincennes. En prisión, comenzó a escribir. En Vincennes conoció a Honoré Gabriel Riqueti quien también escribía relatos eróticos, pero a ninguno de los dos le agradaba el otro.

En 1784 se clausuró la prisión de Vincennes y Sade fue trasladado a la Bastilla, en París. El 2 de julio de 1789, gritó desde su celda a la gente que estaba afuera que iban a degollar a los prisioneros, provocando disturbios e incitando a la Revolución. Dos días después, fue llevado al manicomio de Charenton, donde ingresó. La toma de la Bastilla, hecho que desencadenó la Revolución francesa, ocurrió el 14 de julio, cuando Sade no se encontraba ya allí. Estaba trabajando en su obra magna, Los 120 días de Sodoma y entró en un estado de desesperación cuando perdió sus manuscritos durante el traslado. No obstante, pudo volver a escribir la obra.

Fue liberado de Charenton en 1790, después que la nueva Asamblea Constituyente aboliera la lettre de cachet. Su esposa consiguió el divorcio tiempo después. Sade quedó en una difícil situación económica.


La Revolución
Durante su periodo de libertad (comienzos de 1790), publicó anónimamente varios de sus libros. Entre 1790 y 1791 estrenó algunas obras de teatro en diversos escenarios parisinos. Conoció a Marie-Constance Quesnet, ex actriz y madre de un hijo de seis años, que había sido abandonada por su esposo. Constance y Sade estarían juntos por el resto de su vida. Desde su estancia en prisión, Sade padecía una extrema obesidad, acompañada de graves problemas respiratorios.

Se adaptó rápidamente a la nueva situación política que siguió a la Revolución Francesa. Haciéndose llamar "ciudadano Sade", llegó a desempeñar varios cargos públicos a pesar de su origen aristocrático. Escribió varios panfletos políticos. Miembro de un tribunal, cuando la familia de su antigua esposa se presentó frente a él, les dio un trato favorable, aun cuando habían sido los responsables de todos los años que había estado en prisión. Incluso fue electo para la Convención Nacional, donde representó a la extrema izquierda.

Aunque aterrorizado por el Reinado del Terror en 1793, escribió un elogio de admiración a Jean-Paul Marat para asegurar su posición. Luego renunció a sus cargos, fue acusado de "moderantismo" y encarcelado durante cerca de un año. Escapó por poco de la guillotina (probablemente por un error administrativo) y fue liberado en octubre de 1794, luego de que con la ejecución de Robespierre hubiese concluido definitivamente el Reinado del Terror. Esta experiencia probablemente confirmó su odio de toda la vida a la tiranía estatal y especialmente a la pena de muerte.

El hecho de que, por error, hubiese aparecido en las listas de los emigrados fue aprovechado por su esposa y su hijo Donatien-Claude-Armand para apoderarse de todos sus bienes. En 1796 tuvo que vender su castillo en Lacoste, que había sido saqueado en 1792 (las ruinas fueron adquiridas en 1990 por el diseñador Pierre Cardin que ahora hace regulares festivales de teatro en el lugar, además de eventos sociales).
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Años finales
En 1800, Sade publicó Zoloé, presentado como obra anónima, en la cual hacía referencia, por medio de angramas como d'Orsec (Corse= el Corso), a Napoleón Bonaparte y su entorno. Esto le valió, en 1801, una orden de detención dictada por el entonces Primer Cónsul. El autor de Justine y Juliette fue arrestado en la oficina de su editor y encarcelado sin un juicio, primero en la prisión de Sainte-Pélagie y luego, acusado de intentar corromper a sus jóvenes compañeros de celda, en el fuerte de Bicêtre. A instancias de su familia fue declarado demente en 1803 y trasladado una vez más al manicomio de Charenton. Su ex-esposa e hijos se ocuparon de pagar sus gastos de manutención.

Se permitió que Constance viviera con él en Charenton. El liberal director de la institución, el abad de Coulmier, lo animó a que representara varias de sus obras con algunos de los reclusos como actores, para ser presentadas al público parisino.

Sade comenzó un amorío con Madeleine Leclerc, una empleada de trece años de Charenton. La relación duró cuatro años, hasta la muerte de Sade el 2 de diciembre de 1814. Dejó su última voluntad, indicando que deseaba ser enterrado en su tierra de Malmaison, sin ceremonias, y en un montecillo de árboles, pidiendo que se plantasen bellotas sobre ella a fin de que "... las huellas de mi tumba desaparezcan de la superficie de la tierra, como me jacto de que mi memoria ha de borrarse de la mente de los hombres". No obstante, fue enterrado en Charenton; su cráneo fue exhumado posteriormente para estudios frenológicos. Su hijo quemó todos sus manuscritos inéditos, incluida una obra en varios volúmenes, Les Journées de Florbelle.

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Obra
Muchas de las obras de Sade contienen explícitas —y a menudo repetitivas— descripciones de violaciones e innumerables perversiones, que en muchas ocasiones incluyen violencia y a veces llegan a trascender los límites de lo posible. Los libertinos que protagonizan las obras de Sade fundan su filosofía en un resuelto desprecio de las normas morales y en el odio a la ética religiosa. En la naturaleza, afirman, el fuerte gana y el débil pierde; por lo tanto todas las leyes y éticas, diseñadas como son para proteger al débil, son vistas como antinaturales.

En 1782, mientras estaba en prisión, escribió el relato corto Diálogo entre un cura y un moribundo, en el que expresa su ateísmo mediante el diálogo entre un sacerdote y un viejo moribundo, quien convence al primero de que su vida piadosa ha sido un error.

La novela Los 120 días de Sodoma, escrita en 1785, aunque no terminada, cataloga una amplia variedad de perversiones sexuales perpetradas contra un grupo de adolescentes esclavizados y es el trabajo más gráfico de Sade. Se cree que el manuscrito se perdió durante el asalto a la Bastilla. La obra no se publicó sino hasta 1904.

En 1787, Sade escribió Justine o los infortunios de la virtud, una primera versión de Justine, que fue publicada en 1791. Describe las desgracias de una chica que elige el camino de la virtud y no obtiene otra recompensa que los repetidos abusos a los que es sometida por varios libertinos. Sade escribió también L'Histoire de Juliette (1798) o El Vicio Ampliamente Recompensado, que narra las aventuras de la hermana de Justine, Juliette, quien elige rechazar las enseñanzas de la iglesia y adoptar una filosofía hedonista y amoral, lo que le proporciona una vida llena de éxito.

La novela La filosofía en el tocador (1795) relata la educación lasciva de una joven privilegiada. Está estructurada como una obra teatral y es concisa, aguda y atractiva; los personajes arquetípicos de Sade son, aquí, usados eficazmente. El libro contiene un largo panfleto político ¡Franceses! ¡Un esfuerzo más si deseáis ser republicanos! en el cual Sade recomienda un socialismo utópico. Declara que las leyes contra los ladrones son absurdas: protegen a los ladrones originales, los ricos, contra los pobres que no tienen otro remedio más que robar. Argumenta además que el estado no tiene derecho a prohibir el asesinato, ya que provocan asesinatos en forma de ejecuciones y guerras. Las leyes en contra de la blasfemia son vistas como sin sentido: no son necesarias si Dios no existe, y si es que existe, seguramente no le dará importancia a ataques insignificantes. El panfleto fue vuelto a publicar y distribuido durante la Revolución de 1848 en Francia.

En Aline y Valcour (1795) contrasta un brutal reino africano con el relato de la isla de Tamoe, un utópico paraíso isleño. Este fue el primer libro que Sade publicó con su verdadero nombre.

En 1800 publicó una colección de cuatro volúmenes de relatos titulada Crímenes de amor. En la introducción, Ideas sobre las novelas, da un consejo general a los escritores y hace también referencia a las novelas góticas, especialmente a El monje de Matthew Gregory Lewis, que considera superior al trabajo de Ann Radcliffe[1]. Uno de los relatos de la colección, Florville y Courval, ha sido considerado también como perteneciente al género "gótico". Es la historia de una joven mujer que, contra su voluntad, termina enredada en una intriga incestuosa.

Mientras estaba encarcelado nuevamente en Charenton, escribió tres novelas históricas: Adelaide de Brunswick, Isabel de Baviera y La marquesa de Gange.

También escribió varias obras de teatro, la mayor parte de las cuales permanecieron inéditas. Le Misanthrope par amour ou Sophie et Desfrancs fue aceptada por la Comédie-Française en 1790 y Le Comte Oxtiern ou les effets du libertinage fue representada en el Teatro Molière en 1791.

Se han conservado y publicado varias de las cartas que escribió a su esposa desde prisión. Algunas de ellas muestran una extraña y paranoica obsesión con el significado oculto de los números.


Obras principales
1782 - Diálogo entre un sacerdote y un moribundo.
1785 - Las ciento veinte jornadas de Sodoma o La escuela del libertinaje.
1786 - Aline y Valcour o La novela filosófica, publicada en 1795.
1787 - Los infortunios de la virtud, primera versión de Justina.
1788 - Justina o los infortunios de la virtud, publicada en 1791.
1795 - La filosofía en el tocador.
1797 - La nueva Justina.
1799 - Los crímenes del amor, novelas breves.
1812 - Adelaida de Brunswick, princesa de Sajonia.
1813 - Historia secreta de Isabel de Baviera, reina de Francia; La marquesa de Gange.

Fue autor también de varias obras de teatro, muchas de las cuales se han perdido. Otras muchas obras se perdieron: algunas, porque, como Las jornadas de Florbelle o La naturaleza desvelada, fueron destruidas por su familia cuando él estaba en Charenton; otras, requisadas por la policía.

Citas

"El orden social a cambio de libertad es un mal trato."
"En el amor, todas las cumbres son borrascosas."
"La crueldad lejos de ser un vicio es el primer sentimiento que imprime en nosotros la naturaleza."
"La idea de Dios es el único error por el cual no puedo perdonar a la humanidad."
"Las pinturas más audaces, las descripciones más osadas, las situaciones más extraordinarias, las máximas más espantosas, las pinceladas más enérgicas tienen el sólo objeto de obtener una de las más sublimes lecciones de moral que el hombre haya recibido nunca."
"Ninguna religión vale una sola gota de sangre."
"Pienso que si existiera un Dios, habría menos maldad en esta tierra. Creo que si el mal existe aquí abajo, entonces fue deseado así por Dios o está fuera de sus poderes evitarlo. Ahora, no puedo temer a un Dios que es o malicioso o débil. Lo reto sin miedo y me preocupan un comino sus rayos".
"Respetemos eternamente el vicio y no combatamos sino la virtud."

martes, 12 de agosto de 2008

Martin Lutero